viernes, 30 de octubre de 2015

La propina



LA PROPINA




La propina
Desde el momento que pulsó el botón ON, aquel artefacto comenzó a sonar como si en sus tripas regurgitaran los siete enanitos y Blanca Nieves. Vuelta a vuelta, aquella orquesta sinfónica se fue animando hasta que la soprano comenzó con aquellos gorgoritos que podrían romper copas.
Inmediatamente corrió y pulsó el botón OFF con fastidio. Buscó en la etiqueta exterior el número del teléfono del servicio técnico, quienes con eficiencia inesperada se presentaron al día siguiente en su casa.
Eran dos con su mono azul correspondiente. La lavadora les aguardaba tan inerte como ansiosa.
En cinco minutos ya  sonaba como una serenata con las estridencias estables de un estribillo:
-       --   Son 80 +IVA señora. Firme aquí.
Él le dejo una moneda en la mano
-        --  La propina, dijo.
Era una roñosa moneda de un céntimo de euro que no acababa de justificar el gasto ni el daño auditivo. Con amor la guardó en el bolsillo más secreto de su cartera, esperando que en algún momento le pudiera devolver la inversión.
©Luisa L. Cortiñas

viernes, 23 de octubre de 2015

QUEBRADOS


QUEBRADOS

Hace mucho tiempo


No eran porciones

como los quesitos

o los membrillos,

que ahora también envuelven y etiquetan en papeles de metal.


Eran quebrados.

Lo que se rompía.

lo tortuoso

lo desigual

antes de convertirse en una marca de moda.

Ahora lo llaman fracciones

lo que te quedas o lo que pierdes.

Nada es inocente.
© Luisa L. Cortinas

viernes, 9 de octubre de 2015

INVENTARIO




Inventario

Me han dicho que tengo que hacer un inventario.

Una lista de cosas para llevar conmigo aparte de lo obvio:

una maleta breve

y un neceser con lo  preciso para un resto de vida.

No dejo de recorrer la casa,

y no encuentro nada que vaya a echar de menos de verdad,

salvo la grieta del pasillo de la primera planta.

Todos los días la recorro con la mano palmo a palmo.

Me gusta el mapa ignoto que dibuja

al que ayuda mi casi ausencia de pulso.

El jardín lo llevaría entero,

junto con el río.

Tendré que conformarme con unas cuantas fotos.

Después de casi un siglo de llenar todos los espacios

¡es curioso!


Cuando vinieron a buscarme pidieron la lista.

“No hay nada más que quiera llevarme”, dije

“Todo está aquí

En mi corazón.

Pero me gustaría fumar un último cigarro”.

“Lo habías dejado”dijeron.

Será el último, lo prometo.

Solicité con cara suplicante.




“Estaba ahí, justo ahí

en el borde de la valla que rodea la casa

como si aún fuese una chiquilla rebelde.

Nosotros colocábamos la maleta,

nos acomodábamos en el coche.

Y de repente sucedió.

Estaba haciendo volutas de humo,

y ¡zas!

Ella siempre hablaba con propiedad.

Cumplió su palabra.

Nunca entregó un inventario”.
© Luisa L. Cortiñas

viernes, 2 de octubre de 2015

UNA MIERDA DE POEMA

UNA MIERDA DE POEMA


A todos los estudiantes que no disfrutarán de la bici sin casco, de un coche minúsculo sin cinturón,  de un río con pozas, ni mucho menos del pastoreo… a cambio, con un dedo, pueden convertirse en vaqueros, astronautas, enfermeros o futbolistas. Un mundo a medida de los sueños sólo a cambio de ser politicamente correcto.
Si, los masculinos son “aposta”. No se admiten reclamaciones. 




UNA MIERDA DE POEMA


Me llamo Ariel, como la arielita pero sin diminutivo.

No sé porque de entre todos los nombres mis padres eligieron éste.

En mi fuero interno me llamo Paco. Bueno, en realidad Paquito.

No me gusta la poesía, ni la que rima ni la de versos sueltos.

Pero mi madre dice que fomenta la creatividad.

Y este mes de agosto que achicharra
dedico una hora diaria a enlazar versos y frases sin sentido.

De diez a once es mi tarea.

Aún son y cinco.

Y no sé qué contar.

Ayer fui con papá al centro comercial a buscar los libros del nuevo curso.

Estoy deseando comenzar a ojearlos.

Papá ha dicho que la tinta está muy fresca,
por eso he de dejarlos descansar dos días ¡cómo si hubieran hecho deporte!

Si no tuviera prohibido usar el ordenador en la hora de poesía
estaría diseñando un cuadro con las tareas que me esperan a partir de septiembre.

Mamá opina que es más creativo escribir a mano.

El bolígrafo educa el pulso.

El próximo año tengo un programa de lo más interesante.

Matemáticas. Soy un crack. Aunque mi abuela Obdulia dice que no tengo ni idea.

Cuando voy con ella al supermercado, antes de que la cajera cante el importe
ella ya me lo ha soplado al oído. Siempre acierta. ¡Sin calculadora!

Sin duda, ella es mejor que yo con los números, pero su vida la desperdició, según dice, en lo que llama “sus labores”.

Pérdida residual, diría mi profesor de economía.

Lenguaje. Soy un crack. Aunque mi tía Elena, escritora fustrada,
no entiende que obtenga tan buenos resultados.

Según ella, mis redacciones son de un ordinario que asusta.

Este año también toca física y química, que no sé de qué van,
pero me encantan las fórmulas y los mejunjes,
no necesariamente por dicho orden.

La naturaleza me gusta, pero es lamentable no hacer excursiones para presenciar in situ los fenómenos.

La geografía es una colección de vacaciones que nunca disfrutaré,
y estudio de tradiciones propias y ajenas.
Las personas y las ciudades no me gustan. Dan asco.

Educación física es un horror, pero rumorean que el futbol es bueno para aprender a trabajar en equipo,
y aunque papá se ha rendido a la evidencia, y sabe que no llegaré a nada
me obliga a jugar para ampliar mi círculo de amistades, que cada vez se parece más a un huevo.

Yo no tengo amigos, sólo compañeros eventuales a los que aplastaré a la menor oportunidad.

Este año comenzaré a estudiar programación.

¡Me encantan las máquinas!

Idiomas domino tres, y ahora estoy estudiando chino por las tardes.

Las clases son divertidas.

Las imparte en la trastienda de la tienda de la esquina de mi calle el chino que la regenta.

La trastienda es pequeña y oscura, pero la mesa tiene un tapete verde, y  las estanterías están llenas de barajas de póker sin estrenar.

Además tienen una hija que se llama Conchita, y cada vez que digo algo se muere de risa.

¡Es bonito ser cómico para alguien!

Ella es la única a la que hago reír hasta mearse.

En el colegio aprendo a tocar la guitarra, pero mamá me ha contratado un profesor de piano.

Dice que el piano sí es un instrumento serio y no un trasto para melenudos.

Este año también iré a violín. Esto es sugerencia de papá.

¡A falta de mujer el niño que acaricie algo! dice.

Dos días por semana voy a clase pintura,
después de cinco años sigo sin dominar el dibujo, y sin saber colorear sin salirme de los marcos.

Ambos problemas se resumen en uno:
mi pulso no es firme cuando dibujo.

Da igual.

Lo importante es participar de la fiesta de la pintura.

Este año también comienzo clases de latín.

Si quisiera ser médico o abogado me facilitaría las cosas.

Un día a la semana iré a clases de filosofía.

Con mi abuela Rosita asistiré a clases de costura, no es que ella las necesite,
es que quiere colaborar como ayudante de profesora.

Yo seré su banco de pruebas.

Ella no cobrará sueldo, a cambio, yo voy gratis.

Inditex tiene unos 125000 contratados directos.

Si todo falla, podría trabajar en alguno de sus talleres.

Aunque también está previsto aprender ruso y cocina.

Si algo va mal siempre podré ser camarero.

Mi tío me ha enseñado ya cómo funciona la maquinita ésa que usan para hacer café,
Tardé  bastante en conseguir que la cuchara se mantuviera recta en el centro de la taza,
pero lo logré.

Con ese conocimiento siempre podré pasar las vacaciones trabajando
en sitios exóticos y maravillosos como Benidorm.

¡Por fin!

Dejo esta mierda de poema porque ya son las once.

Hoy voy con el abuelo a recoger sandías.

A las doce tomaremos un aperitivo en el bar Manolo.

He aprendido cómo debo de pedirlo en turco.

No es que Manolo lo entienda.

Pero el abuelo presume de nieto más que nadie.

© Luisa L. Cortiñas