miércoles, 4 de febrero de 2015

MERCEDES GRACIAS NoPidasPerdón



Mercedes Gracias NoPidasPerdón
Falsicuentos: la realidad vence por goleada a la ficción.

Os voy a presentar a Maruja, no es ni alta ni baja, ni rubia ni morena, ni rica ni pobre, ni trabaja ni está en el paro, es una fuerza artificial que todo lo recorre y que cada día tiene ideas más peregrinas.
Hace dos tardes, estando yo allí en su casa tomando café, me dijo que iba hacer recuento de cuánto dinero podría obtener secuestrando a la clase de P3 de un colegio de muy alta alcurnia, al que no mencionaré por no crear alarma. Aunque he de informarles ,que Maruja hace y deshace al mismo ritmo sus cuentos de lechera emprendedora.
Su teoría, a pesar de todo, no me pareció descabellada. A igual procedencia, en este caso padres dispuestos a desembolsar ochocientos euros al mes por la educación de un retoño, los niños valían más o menos. Es fácil de entender. No es lo mismo un mensual de seis mil euros netos que de sesenta mil en el mismo período. Lógico. ¿No?
Pero Maruja no descansa nunca, y en su modelo inicial, me dijo, no tenía en cuenta algunas variables como la exclusividad de las cosas. No tiene el mismo valor el hijo único, que el tercero de una saga de cinco, porque según Maruja el amor se agota a fuerza de usarlo, y por fuerza, cuando uno sólo tiene uno, el amor lo concentra en ése. Y ahí, ya se puso Maruja a poner precio al amor como una mercachifle.
Decidió que el más rico era Chis, no porque sus padres fueran los más millonarios de todos aquellos potentados, sino porque con extrañas fórmulas llegó a la conclusión de que era el niño con los padres más dispuestos a pagar un sobreprecio por él.
–¿Sobreprecio? –le pregunté llena de asombro.
Me miró con un desprecio que podría hacer desaparecer veinte galaxias.
–Sí, hay que tener en cuenta los riesgos, los gastos, la logística, la fortuna paterna...
–Hoy estás insoportable –le dije. Te dejo. Bay bay.
Muy digna, extendió su mano derecha sobre la nariz y me hizo burla.

Fue llegar a casa, encender la tele y encontrarme con Mercedes, una de esas mujeres que podría poblar un Romero de Torres con su pelo y con sus ojos, pero que decidió protagonizar un rocambolesco episodio de realidad, que creo yo, hay que agradecerle.
Cualquiera que viva en este mundo, en éste, y no en los universos fantasía de rajoy, sabe que esta mujer no miente. Dice lo que unos sabemos y muchos denuncian, unos más que otros. Ha dicho algo cierto, el precio de las cosas no tiene que ver con el coste de producirlas, ni con la oferta o la demanda, tiene que ver con el máximo beneficio que pueda o quiera obtener. Da igual que lo que venda sea un medicamento milagroso, unas bragas biónicas, una fuente de energía, un balón de fútbol. Ya todo da igual, todo vale en aras del dios del mercado.
La verdad no debería ofender a nadie. Porqué sí, todos sabemos que el “sovaldi” estaba amortizado en nueve meses, pero los dioses del mercado son insaciables y desconocen la Biblia, aunque los que la conocen tampoco demuestran ser mejores o haber aprendido nada.
La verdad debería dar lugar a respuestas y a preguntas. ¿Porqué los gobiernos no dicen lo que pagan? ¿Firman cláusula de confidencialidad? ¿A qué tanto secreto en un mundo transparente? Hay que preparar caminos, los chollos no duran siempre, ayudar al fuerte para mañana poder estar ahí y poner mi nombre en la junta directiva, y la de mi hijo, y la de los hijos de mis hijos, por algo somos los mejores.
La verdad no debería nunca obligar a nadie a pedir perdón, creo que hay que darle las gracias, sin complejos ni tapujos ha dicho lo que sabemos.
Cuando alguien nos cuente el cuentito del riesgo que corren los empresarios, podremos mostrarles a Mercedes y decirles:
–¿Lo ves? Está diciendo la verdad.
No hay personas, sólo beneficios.
No hay razones, ni riesgos,
sólo usura.
No, quien dice la verdad, aunque ésta duela y se te cuele entre los huesos,
y te encoja el corazón,
y te llene de furia,
y tus ojos brillen de rabia,
y tengas ganas de arrojarte al vacío,
o de ser como Maruja,
date un segundo,
respira,
piensa.
Las verdades son de agradecer
aunque maten.
Las verdades son de agradecer,
con ellas uno puede viajar a cualquier parte.
Las verdades son de agradecer
por eso a los niños les engañamos
cuando les decimos que digan la verdad
en un mundo plagado de mentiras,
de ciencias que no existen,
de verdades vacías.
Por eso, creo que Mercedes García, no debería de haber pedido perdón
no hemos malinterpretado nada,
sólo hay que darle las gracias,
por no mentir
por tratarnos como adultos
capaces de soportar la verdad,
y no como la escoria habitual
que nos trata de tontos,
y que de tan tontos
compramos el cuentito.
Ella simplemente ha estampado su firma en lo que algunos sabemos
y en lo que muchos tenían duda.
Ella ha despejado la equis,
el valor i griega no existe.
La verdad y la salud no tienen precio.
Al igual que no tiene precio el amor que cuantificaba Maruja.
No deberíamos hacer escarnio de quien dice verdad.
Hay que avanzar con la verdad hasta vencer al enemigo,
porque con la verdad se ha de poder llegar a cualquier sitio.
El capitalismo es eso,
todo mentira,
todo fe,
una religión sin sentido.
© Mª Luisa López Cortiñas






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3 comentarios:

  1. Me encanto: La verdad y la salud no tienen precio.

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    Respuestas
    1. Hola Luiza, me encanta que te haya encantado. Es todo de vergüenza.
      Mil gracias por comentar. Un saludo.

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Muchas gracias por comentar.

Mientras no me maten, seguiré matando el viernes.